Crítica musical, cinematográfica, teatral. Sugerencias, sensaciones, vivencias.

viernes 8 de octubre de 2010

ESCENAS DE NIÑOS

Robert Schumann en 1839

El próximo sábado por la mañana tendremos la oportunidad de disfrutar de la música de dos compositores tan próximos, y a la vez tan diferentes, como Frédèric Chopin y Robert Schumann. Será en el Auditorio de la Fundación Juan March, y el recital correrá a cargo del pianista francés Eric Le Sage, que durante estos últimos años ha ido grabando prácticamente una integral de la obra de este último compositor, por el que parece sentir especial predilección. Momento ideal para confirmar en vivo las buenas impresiones que causan sus registros discográficos.

Tanto Chopin como Schumann fueron propensos a expresarse mediante piezas de corta duración y gran intensidad, renunciando en cierto modo a formas de mayor extensión con las que no se sentían tan a gusto. A este respecto, y refiriéndose a su Carnaval op. 9, Schumann reconocía en una carta: << El conjunto no tiene valor artístico alguno: sólo los múltiples estados del alma tienen interés para mí>>. Testimonio del alterado ánimo de los autores en cada caso, las composiciones aúnan libertad expresiva y subjetividad. Chopin parece un compositor más equilibrado en este sentido, pero en Schumann estas características se manifiestan de manera muy acusada. El compositor alemán reflejó en su obra una naturaleza psicológica extraordinariamente voluble y arrebatada. Es difícil encontrar un autor en la historia de la música cuyas composiciones aparezcan tan condicionadas por los accesos propios de un enamoradizo, y concretamente las dos grandes colecciones de piezas que escucharemos el sábado (Escenas de niños y Kreisleriana), fueron polarizadas absolutamente por la figura de Clara Wieck, su novia por entonces, y pianista excelente, por cierto.

En una carta destinada precisamente a Clara en febrero 1838, Robert Schumann le habla de las Escenas de niños, y escribe:
<< ¿Es esto una respuesta inconsciente a lo que me escribiste un día: “A veces me das la impresión de ser un niño”? Si es así, verás que a este niño le han salido alas, porque he escrito más de treinta pequeñas piezas y he escogido una docena de ellas que reuniré bajo el nombre de Escenas Infantiles. Sin duda disfrutarás tocándolas, ¡pero habrás de olvidar que eres una virtuosa! >>

En realidad sí se requiere cierto virtuosismo para abordar su interpretación, puesto que más de un número requiere agilidad, además de gran sensibilidad en todo ellos, como se puede comprobar en la grabación que propongo escuchar. Encadenada con la última sugerencia de mi anterior entrada, nuevamente traigo aquí al pianista Vladimir Horowitz, aunque en esta ocasión se trata de un concierto registrado en 1987 en la maravillosa sala dorada del Musikverein de Viena. Resulta especialmente emocionante ya que suponía el reencuentro del pianista ruso con la capital musical por excelencia, después de muchos años de ausencia; y también por ver a un maestro de su talla, que en ese momento contaba con 84 años, interpretar una música que trata de evocar la infancia de forma tan sutil. Hay que disculpar, por tanto, algunos pasajes algo emborronados, pero ya quisiéramos muchos llegar a esa edad, simplemente permaneciendo en una banqueta un buen rato sin darnos la gran costalada.

La grabación también nos permite comprobar que mentecatos los hay en todas partes, ¡hasta en Viena!, y que alguno de ellos dejó para la posteridad sus inoportunas toses, enturbiando momentos como los números 7 y 8 (Ensueño y Junto al fuego del hogar) de esta colección de 13 joyas, en una versión que ya es histórica.



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