Crítica musical, cinematográfica, teatral. Sugerencias, sensaciones, vivencias.

domingo 16 de enero de 2011

GRANDES INTÉRPRETES DE SCHERZO: DEZSÖ RÁNKI

Auditorio Nacional de Música - Madrid - 11 de enero de 2011

Comenzó el XVI ciclo de Grandes Intérpretes organizado año tras año por la Fundación Scherzo, y que durante esta temporada nos acercará a algunos de los más grandes pianistas de la actualidad. Leonskaja, Sokolov, Andsnes, Volodos, Perahia, etc. conforman una programación de gran nivel. Supongo que los recortes presupuestarios habrán hecho reducir y abaratar el programa de mano, así como suprimir el extenso catálogo de presentación de los conciertos con el que se obsequiaba a los asistentes, que, por otra parte, poco de novedoso ya aportaba. Adiós al papel satinado.

Afortunadamente la calidad musical no se ha visto mermada, y buena prueba de ello fue el excelente nivel de este primer recital. Dezsö Ránki eligió como inicio la última sonata de Joseph Haydn, Hob. XVI. nº52, de la que ofreció una versión firme y con buen porte, interpretada de modo muy seguro. Profundo y a la vez delicado, cuando fue necesario. El Adagio central resultó palpitante, vivo, lleno de detalles que dejaban entrever el trabajo realizado por este pianista en su preparación. El carácter punzante y un tanto acelerado del Finale: Presto redondeó una grandísima interpretación. Las sonatas de Haydn creo que permanecerán ligadas al nombre de un artista hoy ya retirado, pero que nos brindó tardes inolvidables a los habituales de este ciclo: Alfred Brendel. La seriedad y frescura con que afrontó la música de este compositor en sus últimas presencias en Madrid fueron una lección destilada de pianismo maduro. Esta sonata en mi bemol mayor escuchada el martes pasado puede colocarse cerca de aquellas recreaciones de Brendel, del que podemos recordar su interpretación del primer movimiento: 



Tras este inicio netamente clásico, Ranki desgranó cinco piezas breves de su compartriota Franz Liszt compuestas en el período que va desde 1875 a 1885, como una pequeña muestra de esa ambivalencia que le llevaba a oscilar entre la pulsión demoníaca y la inspiración cristiana. De la Polka Mephisto; a una pieza tan delicada como Sancta Dorothea, compuesta en recuerdo de su madre; pasando por la belleza pura del Wiegenlied; o su brevísima Toccata. La citada polka sonó austera y seca, y aquí podemos escucharla con más libertad en las manos de Leslie Howard:  



Las modernas sonoridades de Liszt fueron un adecuado enlace con la Sonatina de Ravel, que nos llegó en  una interpretación  reposada, de gran concentración, en la que sorprendió la lentitud empleada en el Menuet. Un sosiego que poco tiene que ver, por ejemplo, con la jovial y delicada interpretación en vivo de Martha Argerich, en 1979, que enlazo al final del texto. Las turbulencias del Animé que cierra la obra aún lo parecieron más en contraste con un minueto tan calmado.

La segunda parte quedó reservada para la imponente Fantasía en do mayor de Robert Schumann, en la que el pianista consiguió un dominio realmente asombroso de esta complejísima página. Me vienen a la memoria las dificultades por las que atravesó Mitsuko Uchida en el ciclo de 2009, con esta misma obra, y más valdría olvidar momentos francamente desastrosos de aquel segundo movimiento que nos dejó la nipona afincada en Gran Bretaña. En este caso, Ranki salió más que airoso del brete, y en todo momento mantuvo un control técnico envidiable, pulcritud y claridad en la composición, redondeando una versión rigurosa. No es fácil evitar cierta confusión tímbrica en que la que se suele incurrir al abordar obras tan arrebatadas como esta, pero Ránki mantuvo la calma. Un Schumann de primera.

Debussy recomendaba tocar todas las mañanas, en ayunas, su pieza Doctor Gradus ad Parnasum, como una suerte de gimnasia higiénica y progresiva, subiendo de moderé a animé. Tampoco estará contraindicada su administración a última hora de la tarde, y así lo debió pensar Dezsö Ránki, que nos la recetó como bis tras los calurosos aplausos de un público que no llenó por completo el Auditorio Nacional.


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1 comentarios:

Elena dijo...

También yo disfruté mucho a Ránki. Como dijo Sergio, los primeros treinta segundos fueron ya magníficos. En realidad, visto cómo continuó tocando, el indicio de que merecía la pena seguir atentos, como en las mejores películas.

Has recordado el Haydn de Brendel. Me entusiasma Brendel, a quien escuché por primera vez en directo aquí en Madrid, hará unos diez años. Creo recordar que el gozoso programa incluía Mozart y Brahms además de Schubert, al que eligió, además, para brindarnos uno de los bises más hermosos (y largo como bis, dicho sea de paso) que recuerdo, tras el que el auditorio estalló en un plauso ensordecedor. No consigo recordar con seguridad de qué obra se trataba, pero sí que era una de esas piezas de romanticismo sutilísimo en las que la mano derecha regala una ternura constante, casi como una caricia. Estoy segura de que todos los presetes nos sentimos igualmente acariciados, fue memorable. Pudo tratarse de uno de los primeros Impromptu, quizá el 90/3.

Hablas de los vaivenes de Liszt entre la pulsión demoniaca y la inspiración cristiana, algo que, en mi opinión y pensando en artes que conozco mejor que la música, no es sorprendente. De hecho, me atrevería a decir que todo creador con momentos de pulsión demoniaca, los tiene también de inspiración cristiana. Creo que ésta puede darse sin aquélla, pero no al revés,¿no te parece? Se me viene a la cabeza, por ejemplo, Dostoievsky.

En fin... Estupendo Rànki, ojalá le tengamos nuevamente por aquí el año que viene.

Saludos.