Crítica musical, cinematográfica, teatral. Sugerencias, sensaciones, vivencias.

viernes 4 de marzo de 2011

CICLO DE LIED: MATTHIAS GOERNE

Teatro de la Zarzuela - Madrid - 14 de febrero de 2011



Interpretando una canción tan profunda como la que enlazo en primer lugar, se inició la ya casi tradicional cita anual con Matthias Goerne, dentro del Ciclo de Lied que organiza la Fundación Caja Madrid. El barítono alemán sigue simultaneando las actuaciones en directo, con las grabaciones dedicadas a Franz Schubert, en el sello discográfico Harmonia Mundi, y de este modo sentó las bases de una velada en la que los textos incidieron en el fatalismo característico del romanticismo alemán. En este caso, un joven se ofrece a La Muerte, huyendo de la angustia que le atormenta, y recibe la respuesta afirmativa que cierra el diálogo.

Goerne plantea desde hace años sus recitales como un bloque monolítico de canciones pertenecientes al mismo compositor, afrontado desde la unidad estilística y la homogeneidad en el tono empleado, sin mostrar grandes contrastes diferenciadores entre canciones de variadas características. Su línea de canto parece fluir de modo independiente al texto interpretado, ofreciendo una especie de continuo en el que la componente dramática se diluye. Si a todo ello sumamos la excesiva lentitud con que acomete algunas canciones, cierta oscuridad en la emisión, falta de claridad en los ataques, y una dicción difuminada, la fórmula concentrada corre el riesgo de producir cierto cansancio. Confieso que esa es la impresión que yo extraigo de sus últimas presentaciones en el Teatro de la Zarzuela. Notables versiones tomadas una a una, pero configurando un todo algo monótono.

Dicho esto, algunas de sus recreaciones resultaron de gran interés, como su reposada interpretación de Der Wanderer, con un adecuado cambio de registro. Este lied es considerado una maravilla de concentración por el gran maestro Dietrich Fischer-Dieskau, del que precisamente enlazo su versión grabada en vídeo en unas sesiones memorables, acompañado por Sviatoslav Richter. Me permito incluir el texto, muy significativo del espíritu errante que poseen estas creaciones literarias, extrayéndolo directamente de la traducción de Isabel García Adánez que se utilizó en el programa de mano

Der Wanderer
Texto de Friedrich von Schlegel (1772-1829)

Wie deutlich des Mondes Licht Zu mir spricht,
Mich beseelend zu der Reise;
«Folge treu dem alten Gleise, Wähle keine Heimat nicht.
Ew’ge Plage Bringen sonst die schweren Tage;
Fort zu andern Sollst du wechseln, sollst du wandern,
Leicht entfliehend jeder Klage».

Sanfte Ebb und hohe Flut, Tief im Mut,
Wandr’ ich so im Dunkeln weiter,
Steige mutig, singe heiter,
Und die Welt erscheint mir gut.
Alles reine Seh ich mild im Widerscheine,
Nichts verworren In des Tages Glut verdorren:
Froh umgeben, doch alleine.

El caminante

Con qué claridad me habla la luz de la Luna
y me inspira para mi viaje:
«Sigue fielmente la antigua senda, no escojas patria alguna.
Eterno pesar traerán si no los difíciles días;
hacia otras patrias distintas debes partir, debes caminar,
escapando ligero a todo lamento».

Suave al bajar la marea, fuerte al subir,
profundo el ánimo, sigo caminando así en la oscuridad,
asciendo animoso, canto alegre,
y el mundo me parece bueno.
Todo pureza se antoja a mi mirada serena.
Nada veo borroso, ni reseco por el ardor del día:
rodeado de alegría estoy, pero solo.

Traducción de Isabel García Adánez






Matthias Goerne también está incurriendo en algunas tendencias que resultan algo molestas. Pasando por alto una gestualidad bamboleante y afectada, hay que reseñar su obstinación por cantar prácticamente de cara al pianista, ofreciendo durante buena parte del recital el perfil a la mayoría del respetable, cuando no directamente la espalda a los que nos sentamos en las butacas pares. Es comprensible que se pretenda conseguir una conjunción plena entre ambos artistas (en este caso el pianista Helmut Deutsch), pero no a costa de acodarse en la tapa del piano, obviando que se está en un escenario. Sobre todo porque esta presencia merma la proyección vocal de manera muy acusada, dejando a un lado el desgarbo y cierta falta de consideración al público. Un cantante de lied nunca debe perder la compostura ante el aforo, y para toreo de perfil, francamente, me quedo con el de Manolete, que en paz descanse.

Tras la pausa An die Laute surgió con un aire algo mortecino. Aquejado por una leve tos, que probablemente condicionara el recital, el cantante no acabó de encontrarse cómodo, y tampoco su pianista acompañante contribuyó a conseguir redondear la tarde-noche, que se cerró sin bises. Páginas tan sugerentes como Abschied von der Harfe, en las que un pianista como Gerald Moore prácticamente conseguía llegar al color del arpa al que se refiere el poema, fueron toscamente afrontadas por Helmut Deutsch. Sí transmitió el desenfreno propio de un corazón atormentado, en canciones como An mein Herz, por ejemplo.

Dejo para el final el regusto de uno de los más bellos lieder jamás escrito por Schubert, que es como decir jamás escrito, a secas. Se trata de An die Musik, pieza con la que habitualmente se cerraban las veladas que el compositor y sus amistades celebraban en petite comité, y que en la interpretación de Goerne adquirió un tono grave. Para esta despedida elijo la belleza vocal del tenor Fritz Wunderlich, quien lamentablemente abandonó este mundo antes de cumplir los cuarenta, como el propio Franz Schubert.